La convergencia de los máximos representantes de tres potencias mundiales no es casualidad, es un mensaje vivo para otras naciones, en otras latitudes. Estados Unidos no es el único con el músculo para imponerse mundialmente.
Una fotografía que ha dado vuelta al mundo, cruzando mares, muros, aduanas y toda clase de estéril diplomacia.
Es la imagen que retrata al presidente de Rusia, Vladimir Putin, caminando a un lado del presidente de la Republica Popular de China, Xi Jinping, acompañado del lado derecho del líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, durante el desfile militar chino por la conmemoración de los 80 años de la rendición de Japón y el fin de la segunda guerra mundial.

Es una declaración entre líneas que no pasa inadvertida, en medio de los aranceles que impone el gobierno del presidente Donald Trump a diestra y siniestra, la guerra de Rusia con Ucrania, los desplantes y genocidio de Benjamin Netanyahu en Palestina, las sanciones en contra de Brasil, la amenaza naval en Venezuela y las tensiones con India, la concurrencia de tres de los mandatarios más poderosos declara loud and clear:
«Estados Unidos de América no manda, somos nosotros los que sembramos el temor, estamos unidos y preparados»

El despliegue de la milicia China en el desfile, asi como otras advertencias han hecho publicas, en tiempo reciente y en distintas ocasiones, son contundentes, fuertes y llenas de un nacionalismo que opaca, por mucho, a los patriotas americanos.

El fin de la Segunda Guerra Mundial dejó lecciones inolvidables, 80 años han pasado, 29 mil 200 días en los que China ha aprendido, al igual que Rusia, Corea y el resto del mundo. Estados Unidos no volverá a intimidar con bombas atómicas.
El mensaje está ahí, no es el Capitán América el soldado más fuerte, ni es la unión Americana la nación que dicta el destino mundial, el resurgimiento vendrá desde oriente, en la tierra del lucero más resplandeciente.

